¡Qué pedante y qué leche! ¡Cuánto tiempo perdido! Estábamos cansados de la guerra entre los sexos pero se ve que es lo que hay, ya le tocará otra cosa a las generaciones venideras. Y esa como otras es una ironía más, todas las mujeres proclamando que los hombres somos iguales. Entonces, ¿por qué me dejó ella para irse con otro igual? No las entiendo, creo que ni se entienden. Pero quién quiere entender cuando se vive tan bien en el limbo. Y yo, puesto a estar en el limbo prefiero el "limbo-rock", por lo menos doblas el espinazo por un noble objetivo.
Y no es hiel, ni mucho menos, no me va la guerra de sexos ni los falos kilométricos que "espachurran" lo que encuentran por en medio, inerte o no. Sobre todo si soy yo el que está en medio.
En fin, divagando como siempre, me encuentro con las lentillas saboteando mi vista, o mi visita... ah, no, que la visita soy yo... y no sé por cuánto tiempo mi anfitriona aguantará mi presencia... al fin y al cabo sólo hemos hablado de Biblia y juguetes íntimos. Que bien pensado no es moco de pavo, porque son dos de los pilares de nuestra existencia, y la combinación ha sido perfecta. Quizás sin darnos cuenta el momento más natural de la noche, en el que nos unimos en una delicada comunión. Y eso después de repasar los siete pecados capitales. Jamás pensé que puntuaría mi nivel pecaminoso, y que al comprobar que sólo llego a un aprobado raspado me haría trampas al solitario para reafirmarme como pecador. Claro que su nivel tampoco es... cómo lo diría yo, aceptable. De tan poco pecado nada bueno puede salir.
Y mi pecado esta noche es estar amamonado, perdón por el Román Paladino, pero mi amigo de la Patente de Corso lo entendería y hasta apoyaría. Dónde ha quedado la bizarría del españolito, dónde han quedado tantos valores que cuando uno quiere usarlos no los encuentra y cuando los encuentra no sabe usarlos.
Y esta espesura que me amenaza es un fiel reflejo de lo que me atenaza. La antítesis. Mi antítesis, que es tan mala para ser de este Planeta que la voy a ubicar en Venus por ejemplo.
Y ya.
(Kolaboración)
jueves 29 de octubre de 2009
martes 27 de octubre de 2009
La maleta
Las obras interrumpidas por la crisis resultan inquietantes, sobre todo en la noche, esqueletos de casas. Uno se imagina viviendo allí, olvidando que no hay paredes y, claro, cayendo al vacío. Hasta que un día que tal vez le ha subido la fiebre, entremetido en el juego de luces y sombras del atardecer, uno se ha metido sin pensar, sólo porque ha encontrado abierta la puerta de la urbanización todavía ausente.
Nunca fue tan audaz, aunque no está de más dejar las luces del coche encendidas, por lo que pudiera habitar en ese barrio de fantasmas. Curioso subir las escaleras provisionales y alcanzar lo que será el ático del edificio, arrastrando su maleta. ¡Qué ilusión debe ser estrenar una casa!. Además, ésta tiene unas estupendas vistas a la muralla de Ávila, que por la noche, como casi todo, es azul.
Entra en la cocina y abre la nevera, está bien surtida, magnífico porque lo malo que tienen estos barrios es que hay que ir con el coche hasta a comprar el pan. Y su coche ya no tiene batería, por lo de las luces, pero ya pensará en eso más adelante. Tira de una palanca, los cubitos de hielo tintinean en su vaso de cristal grueso, un poco de ginebra para coger el sueño.
Aunque tuvo sus dudas en su momento y llevarlo a cabo le supuso bastantes quebraderos de cabeza, cuánto se alegra ahora de haberse hecho su propia piscina en la terraza del ático. Allí recostado, música suave, bebiendo tranquilamente y respirando el aroma del triunfo personal y profesional, quién puede desear algo más.
De mañana, una maleta desvencijada y medio abierta, con un molde de cubitos de hielo y un bañador húmedo en su interior, es golpeada por el viento en lo que será algún día el piso-ático de una obra paralizada por la crisis.
Nunca fue tan audaz, aunque no está de más dejar las luces del coche encendidas, por lo que pudiera habitar en ese barrio de fantasmas. Curioso subir las escaleras provisionales y alcanzar lo que será el ático del edificio, arrastrando su maleta. ¡Qué ilusión debe ser estrenar una casa!. Además, ésta tiene unas estupendas vistas a la muralla de Ávila, que por la noche, como casi todo, es azul.
Entra en la cocina y abre la nevera, está bien surtida, magnífico porque lo malo que tienen estos barrios es que hay que ir con el coche hasta a comprar el pan. Y su coche ya no tiene batería, por lo de las luces, pero ya pensará en eso más adelante. Tira de una palanca, los cubitos de hielo tintinean en su vaso de cristal grueso, un poco de ginebra para coger el sueño.
Aunque tuvo sus dudas en su momento y llevarlo a cabo le supuso bastantes quebraderos de cabeza, cuánto se alegra ahora de haberse hecho su propia piscina en la terraza del ático. Allí recostado, música suave, bebiendo tranquilamente y respirando el aroma del triunfo personal y profesional, quién puede desear algo más.
De mañana, una maleta desvencijada y medio abierta, con un molde de cubitos de hielo y un bañador húmedo en su interior, es golpeada por el viento en lo que será algún día el piso-ático de una obra paralizada por la crisis.
lunes 19 de octubre de 2009
LA VERDADERA DESPEDIDA
Lo que verdaderamente pasó es que sonrieron mucho más, es que en el último bar él se acercó y ella jugó con su pelo y tanto se miraron a los ojos, que el entorno tomó un leve color azul. Que en el dulce juego de seducción, ningún objetivo quedó revelado y fue allí donde se besaron, aprovechando una ciudad tan vacía un domingo cualquiera.
Después fueron en su coche, con las ventanillas bajadas, dejando entrar la noche y salir el olor a plástico. La falda abierta de vuelo se le resbalaba y él podía ver sus muslos. Ella no hablaba ya: en ese momento ambos rodeaban la casa huyendo del bullicio, y se besaban hasta mojarse sin encontrar a nadie por el camino, tan pegados que allí no había más.
Lo que verdaderamente pasó es que cuando llegaron, fueron a su portal y mil palabras no habían sido pronunciadas. No había cortapisas ni premisas ni prisas. Se habían hecho gestos que valían párrafos enteros, que hablaban de ternura y de locura, de pudor, de torpeza, de “tienes unas manos perfectas”, “quisiera perderme en tus rizos”, “sé quién eres”, “ven”.
sábado 17 de octubre de 2009
La baldosa (poema a la duración)
Mi azotea.
Los hierros de debajo del Puente de Triana.
Y una roca, una roca eterna con ojos de musgo,
en un campo radiante de árboles y brisa.
La iglesia de la ventana tapiada: tiene una campana
que tañe levemente con el viento.
La casa de techo alto donde viví 6 años.
El sillón de cuero blanco que se quemó en el incendio.
¿Qué ves ahora?
Una
Hermosos
fachada
edificios industriales
naranja
teñidos de naranja
iluminada por el sol
por el sol que cae.
El trozo de aire en torno al balcón,
vía de paso de cientos de pájaros en primavera.
Un cartel de se vende con un teléfono, macetas en los balcones.
Un hospital, paneles solares, un bikini secándose.
Copas de árboles y farolas.
Persianas con secretos monótonos.
Creo que se mueve una cortina a lo lejos.
La escalera de mano que me sube a los altillos.
Un portal fresquito en una tarde de agosto.
La chimenea de campana de hierro en la casa de campo.
Todas las hogueras.
La playa que me diste cuando nos miramos aquellos 2 segundos.
El poyete frente al espigón donde llevo 30 años sentándome.
Los bares donde intenté olvidarlo todo.
El otro lado de la barra del bar
donde lo vi la primera vez, hace un año.
El primer aeropuerto, yo con el pelo corto.
Un río que corre manso cuando le dejan los cruceros de turistas.
El viento de aquel día en aquel barco que nos llevó a la exclusa.
El cuaderno de notas de Raquel Garabi,
sus gomillas del pelo, sus pulseras.
La silla en la que tuve un momento de paz,
mientras me hacías el arroz blanco,
antes de hacerme el amor rojo.
El melocotón que nos deslizó hasta el primer beso.
Las cáscaras de cacahuete donde meto los dedos.
El botón donde metes los dedos.
El pasillo de flores que me llevó a tu espalda.
El área de descanso donde comí sandía,
sentada en una caja, con los pies colgando.
El puesto del mercado donde hablé con un
pulpo, que me pidió un abrazo.
Donde paré el coche más adelante y
vi un paisaje quemado y verde oscuro,
el paisaje de las médulas, en León,
el paisaje de la geria, en Lanzarote,
el río Cuervo naciendo en apenas dos chorros, la nieve.
Tú y yo en mi azotea, desafiando tu líbido,
bajo los fuegos artificiales,
tu cara azul, la mía morada,
luego la tuya verde, la mía naranja
Un empujón de sangre con forma de acantilado.
Un acantilado en La Coruña con esta pintada "Galicia non é España".
El trozo de baldosa que me llevé a las manos cuando nos entró el miedo.
El árbol donde te hiciste sangre y más te quise.
La gruta donde en silencio nos cogimos de la mano.
La tienda de libros antiguos en Guildford.
Águilas reales sobre un puente colgante en el camino
de La Habana a Varadero, ¿o no eran reales?.
El parque botánico de Adelaide, en el sur de Australia.
El mercado de Madrid al que iba a comprar la ensalada.
La cima de una montaña que escalé en 7 horas.
Mi oso polar de peluche.
La boca de metro donde entendí el mundo.
La isla donde no entendí nada.
La escalera de la biblioteca donde te vi por primera vez,
aferrado a tu cuaderno.
El campo de fútbol donde apareció un toro.
La celda donde canté llorando.
Cazorla, el remanso bravío del arrojo.
San Nicolás del Puerto: una lluvia de ranas.
La sala de espera de urgencias del hospital: mi primer dolor de verdad.
El holograma de nuestras manos juntas y apretadas.
La secretaría de la facultad de periodismo de la que escapé.
El patio de la facultad de filosofía.
Una playa nudista de Fuerteventura sitiada por los complejos hoteleros.
El miedo y la baldosa, la baldosa y el miedo.
Felipe Bollaín y Carmen Puerto
Los hierros de debajo del Puente de Triana.
Y una roca, una roca eterna con ojos de musgo,
en un campo radiante de árboles y brisa.
La iglesia de la ventana tapiada: tiene una campana
que tañe levemente con el viento.
La casa de techo alto donde viví 6 años.
El sillón de cuero blanco que se quemó en el incendio.
¿Qué ves ahora?
Una
Hermosos
fachada
edificios industriales
naranja
teñidos de naranja
iluminada por el sol
por el sol que cae.
El trozo de aire en torno al balcón,
vía de paso de cientos de pájaros en primavera.
Un cartel de se vende con un teléfono, macetas en los balcones.
Un hospital, paneles solares, un bikini secándose.
Copas de árboles y farolas.
Persianas con secretos monótonos.
Creo que se mueve una cortina a lo lejos.
La escalera de mano que me sube a los altillos.
Un portal fresquito en una tarde de agosto.
La chimenea de campana de hierro en la casa de campo.
Todas las hogueras.
La playa que me diste cuando nos miramos aquellos 2 segundos.
El poyete frente al espigón donde llevo 30 años sentándome.
Los bares donde intenté olvidarlo todo.
El otro lado de la barra del bar
donde lo vi la primera vez, hace un año.
El primer aeropuerto, yo con el pelo corto.
Un río que corre manso cuando le dejan los cruceros de turistas.
El viento de aquel día en aquel barco que nos llevó a la exclusa.
El cuaderno de notas de Raquel Garabi,
sus gomillas del pelo, sus pulseras.
La silla en la que tuve un momento de paz,
mientras me hacías el arroz blanco,
antes de hacerme el amor rojo.
El melocotón que nos deslizó hasta el primer beso.
Las cáscaras de cacahuete donde meto los dedos.
El botón donde metes los dedos.
El pasillo de flores que me llevó a tu espalda.
El área de descanso donde comí sandía,
sentada en una caja, con los pies colgando.
El puesto del mercado donde hablé con un
pulpo, que me pidió un abrazo.
Donde paré el coche más adelante y
vi un paisaje quemado y verde oscuro,
el paisaje de las médulas, en León,
el paisaje de la geria, en Lanzarote,
el río Cuervo naciendo en apenas dos chorros, la nieve.
Tú y yo en mi azotea, desafiando tu líbido,
bajo los fuegos artificiales,
tu cara azul, la mía morada,
luego la tuya verde, la mía naranja
Un empujón de sangre con forma de acantilado.
Un acantilado en La Coruña con esta pintada "Galicia non é España".
El trozo de baldosa que me llevé a las manos cuando nos entró el miedo.
El árbol donde te hiciste sangre y más te quise.
La gruta donde en silencio nos cogimos de la mano.
La tienda de libros antiguos en Guildford.
Águilas reales sobre un puente colgante en el camino
de La Habana a Varadero, ¿o no eran reales?.
El parque botánico de Adelaide, en el sur de Australia.
El mercado de Madrid al que iba a comprar la ensalada.
La cima de una montaña que escalé en 7 horas.
Mi oso polar de peluche.
La boca de metro donde entendí el mundo.
La isla donde no entendí nada.
La escalera de la biblioteca donde te vi por primera vez,
aferrado a tu cuaderno.
El campo de fútbol donde apareció un toro.
La celda donde canté llorando.
Cazorla, el remanso bravío del arrojo.
San Nicolás del Puerto: una lluvia de ranas.
La sala de espera de urgencias del hospital: mi primer dolor de verdad.
El holograma de nuestras manos juntas y apretadas.
La secretaría de la facultad de periodismo de la que escapé.
El patio de la facultad de filosofía.
Una playa nudista de Fuerteventura sitiada por los complejos hoteleros.
El miedo y la baldosa, la baldosa y el miedo.
Felipe Bollaín y Carmen Puerto
Desde TANTEANDO
YO SOY PORQUE TÚ ERES
Porque estás doblando mi sombra todo el día para que no arrastre
Porque dices tantas barbaridades que ya no me conformo con menos
Porque casi no lees, no sabes coger el boli y tienes mil tipos de prisas
...
SOY BLANCA
Soy una comunidad de vecinos
Soy un cuenco de agua con sabor a cobre
Soy un láser para tallar diamantes
Soy la espuma en la boca del animal agotado
Soy una goma de borrar manchada
Soy el reverso de la clave de sol, y me acuesto en mi pentagrama
Soy una ninfa descarada y sin deudas
A veces mi propio ser amado se me desborda
y apenas puedo alcanzar mi casa,
buscar un papel blanco para doblar,
hacer una cajita y ahí volcarlo.
Taparla con rapidez mirando a todas partes.
Cuando llego, ya se ha desperdigado
y todo son dudas,
y estoy cubierta de rosas blancas y fragantes.
...
DORMIR EN CLANDESTINO
Despierto acompañada
hay tiempo para otro
Protesto
Disfruto
Me llevan al trabajo
donde hay muchos papeles
Río
Recuerdo
"Te tragaste un miliki"
Quién es ese
Bromeo
Sé quién es
Pasa algo curioso:
todos los teléfonos terminan en 196.
Insisto
Suspiro
Me duermo en un autobús
pasa mi parada.
Me enfado
Me río
En casa hay ropa tendida
y la cama está abierta
Porque estás doblando mi sombra todo el día para que no arrastre
Porque dices tantas barbaridades que ya no me conformo con menos
Porque casi no lees, no sabes coger el boli y tienes mil tipos de prisas
...
SOY BLANCA
Soy una comunidad de vecinos
Soy un cuenco de agua con sabor a cobre
Soy un láser para tallar diamantes
Soy la espuma en la boca del animal agotado
Soy una goma de borrar manchada
Soy el reverso de la clave de sol, y me acuesto en mi pentagrama
Soy una ninfa descarada y sin deudas
A veces mi propio ser amado se me desborda
y apenas puedo alcanzar mi casa,
buscar un papel blanco para doblar,
hacer una cajita y ahí volcarlo.
Taparla con rapidez mirando a todas partes.
Cuando llego, ya se ha desperdigado
y todo son dudas,
y estoy cubierta de rosas blancas y fragantes.
...
DORMIR EN CLANDESTINO
Despierto acompañada
hay tiempo para otro
Protesto
Disfruto
Me llevan al trabajo
donde hay muchos papeles
Río
Recuerdo
"Te tragaste un miliki"
Quién es ese
Bromeo
Sé quién es
Pasa algo curioso:
todos los teléfonos terminan en 196.
Insisto
Suspiro
Me duermo en un autobús
pasa mi parada.
Me enfado
Me río
En casa hay ropa tendida
y la cama está abierta
miércoles 16 de septiembre de 2009
Tras escribirle, hablarte y ver Son de Mar
Nos hemos dicho tantas cosas que a saber si sentimos,
y pasa el tiempo y ya son cuatro años de caos
y una década de caos
y tal vez, no sé, unos 24 años de caos.
Incapaz de esperar que venga solo lo que toque venir,
mintiendo a borbotones, trompicando.
Inmensamente inmenso cómo nos rebelamos
ante la simplicidad de la vida.
Espantoso.
Es enseñante y escribe en la pizarra:
"el camino del amor al desamor todo el mundo
lo recorre sin saber cuándo ni donde".
Después vuelve, dado por muerto,
ya dice no poder vivir sin ella,
que le niega.
Y a la nada hacen el amor de mil maneras
en realidad de una solo
o de un par.
y pasa el tiempo y ya son cuatro años de caos
y una década de caos
y tal vez, no sé, unos 24 años de caos.
Incapaz de esperar que venga solo lo que toque venir,
mintiendo a borbotones, trompicando.
Inmensamente inmenso cómo nos rebelamos
ante la simplicidad de la vida.
Espantoso.
Es enseñante y escribe en la pizarra:
"el camino del amor al desamor todo el mundo
lo recorre sin saber cuándo ni donde".
Después vuelve, dado por muerto,
ya dice no poder vivir sin ella,
que le niega.
Y a la nada hacen el amor de mil maneras
en realidad de una solo
o de un par.
viernes 28 de agosto de 2009
Calle Dorada
Puedo imaginarte surfeando en la nieve
y se me mezcla contigo en una azotea
o contigo de pie en un salón revuelto.
Y entonces quieres liarte uno.
Mil y una vez me desconciertas
lo mismo dices que niegas, que te ríes,
igual como yo, pero sin admitirlo,
humillado como el hueco que dejan tus dedos.
Nos veo respirando el mismo aire
tú lleno de orgullo, yo llena de reglas,
tengo mi lista bien elaborada, ya lo has visto,
y el poco tacto preciso para recitarla.
Cualquier cosa que yo diga será ofensa.
Tú besas dejando pasar el aire,
yo sello el espacio entre los dos cuerpos,
y pienso que tendría que irme, y me quedo.
Pareces llevar toda la vida defendiéndote,
pareces querer beberte el tiempo del verano,
en tus ojos se podrían hallar ciertas historias,
las horas se perderían enredadas en tu pelo.
y se me mezcla contigo en una azotea
o contigo de pie en un salón revuelto.
Y entonces quieres liarte uno.
Mil y una vez me desconciertas
lo mismo dices que niegas, que te ríes,
igual como yo, pero sin admitirlo,
humillado como el hueco que dejan tus dedos.
Nos veo respirando el mismo aire
tú lleno de orgullo, yo llena de reglas,
tengo mi lista bien elaborada, ya lo has visto,
y el poco tacto preciso para recitarla.
Cualquier cosa que yo diga será ofensa.
Tú besas dejando pasar el aire,
yo sello el espacio entre los dos cuerpos,
y pienso que tendría que irme, y me quedo.
Pareces llevar toda la vida defendiéndote,
pareces querer beberte el tiempo del verano,
en tus ojos se podrían hallar ciertas historias,
las horas se perderían enredadas en tu pelo.
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